viernes, 2 de noviembre de 2007

Globalización. " Lo bueno y lo Malo."

Hablar de globalización en esta época resulta ya algo corriente y cotidiano. Y es que, ciertamente, ese fenómeno, antes tal vez inimaginable para nuestros ancestros, se ha convertido en plato diario en este tiempo. El acortamiento de las distancias y de los vínculos entre los seres humanos a partir del avance del transporte y las comunicaciones, ha reducido las dimensiones del planeta.
Todo lo que acontece en cualquier parte se conoce de inmediato y tiene una influencia y resonancia en el resto del orbe. Guerras, descalabros económicos, tragedias naturales, logros científicos, espectáculos artísticos, en fin, que asistimos a un presente y un futuro donde los vínculos entre los pueblos son inevitables y hasta vitales para sus empeños de avanzar y crecerse.
A la luz de lo ya expuesto, vale concluir entonces que la globalización, esa tendencia universal a vincular a los hombres, no es para nada nociva en sí misma. Es más, constituye un proceso inherente al dominio por el ser humano de la ciencia y la técnica. Los entuertos salen a flote cuando algunos en este planeta pretenden dirigir la globalización, infectarla con sus intereses mezquinos, y convertirla en un instrumento para hacer valer sus ambiciones y conceptos por encima de los del resto de la humanidad.
En materia económica, por ejemplo, podemos hablar de una globalización a la que los poderosos quieren signar como neoliberal, y que tiende a condenar eternamente a los pobres en sus angustias, bajo el pretexto de que todo el devenir en ese sentido ha llegado a su tope. En consecuencia, para los oprimidos que intentan un cambio positivo, saber contra qué rebelarse resulta fundamental.
No se trata entonces de levantar las banderas de la lucha contra la globalización, que sería dirigida contra el propio desarrollo del ser humano. La dirección correcta apunta contra las modalidades y giros que el imperio intenta endilgar a ese proceso lógico en el devenir de la humanidad, convirtiéndolo en una suerte de herramienta maligna encaminada a sojuzgar definitivamente a los empobrecidos del orbe.
Son referentes que deben estar muy claros para quienes aspiran a una transformación positiva a escala universal.